Las Islas de Cabo Verde de un vistazo

isla

Las islas de Cabo Verde, prolongación desmenuzada de la costa del occidente africano, en medio del océano Atlántico, cuentan con una superficie total de 4.033 km². Una superficie que con sus diez islas, de las cuales nueve están habitadas, equivaldría a las islas de Mallorca y de Ibiza juntas.

Su población, de 495,000 habitantes, en un país en el que la esperanza de vida se sitúa alrededor de los 70 años, se compone en su mayoría por mulatos y negros, así como una minoría blanca. Praia, su capital, se localiza en la isla de Santiago.

Y es en este país donde cada uno de sus habitantes se enorgullece de las personas que viven en él. Tal vez sea la falta de agua y de recursos económicos lo que hace que, en estas tierras que ellos mismos tildan de «ingratas», no puedan sino centrarse en sus gentes.

Un lugar en el que cada una de sus islas tiene su propia idiosincrasia, dada la conmixtión de accidentes geográficos, eventos históricos y sus diversos grupos de población. Lo esencial aquí es el mestizaje que se produce en sus gentes.

Unas islas en donde se mezclan aspectos que vienen de la misma Europa, como la religión católica o la arquitectura de Portugal y su lengua. Y todo esto junto a otros aspectos que son africanos en sí, como el cuscús o la forma en la que sus hacendosas madres cargan con sus hijos a la espalda.

Sus diez islas se pueden clasificar según la posición que tienen respecto a los vientos que soplan aquí: de barlovento, como sucede con la isla de Sal, como de sotavento como sucede en la capitalina isla de Santiago.

En Cabo Verde se habla criollo y, como hemos mencionado, portugués. Y aunque nadie lo dice ni nadie lo podría imaginar si no lo viera su bandera tiene un cierto parecido a la de la Unión Europea. Con diez estrellas en círculo que dan un marchamo de clase a su bandera, estas estrellas representan las diez islas caboverdianas y no a Europa.

El país ha pertenecido históricamente al imperio portugués, puesto que las descubrieron los habitantes lusitanos y desde entonces las gobernarían, hasta que más tarde el 5 julio de 1975 Cabo Verde proclamara su independencia.

Como dice su himno, «entre estrellas y el Atlántico», Cabo Verde entona el canto de la libertad, y desde entonces se gana la vida hasta ahora, en la actualidad, como país independiente en el cual alrededor de un 73% del Producto Interior Bruto proviene del sector servicios.

Y es así como este país de emigrantes, donde la diáspora es la norma y casi la única alternativa a la falta de trabajo y de agua, emigra sobre todo a América y a Europa, aunque también se dirijan hacia otros lugares de África.

Los que quedan en las islas son a menudo jóvenes: un 60% de sus habitantes tiene menos de 25 años. Así es Cabo Verde y así nos muestra su propio rostro.

Islas criollas y mestizas por naturaleza y una población a la que la geografía la ha hecho humilde de corazón, donde la riqueza la guardan sus gentes y no las distracciones que tienen otros países con más recursos.

Cabo Verde es un sitio que captura tu corazón. El país en el que «tal vez llueva mañana», aunque sus frutos los tengamos ya hoy en sus gentes.

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